miércoles, 4 de abril de 2012

De ciudadanos y cenutrios

¿Han escuchado alguna vez esa historia del cangrejo hervido en agua a fuego lento? Seguro que si, al igual que el símil que les voy a narrar a continuación. Nuevamente me dispongo a escribir una perogrullada como un castillo, pero ¡qué ganas tengo de hacerlo!

Existe una clarísima diferencia entre lo que es un ciudadano y lo que es un ciudadano cenutrio. Ambos comparten cosas en común; pagan sus impuestos, trabajan si pueden, viven o malviven como les dejan y consumen. Los dos tienen ideología, pero la diferencia está en que el primero tiene la ideología que él mismo ha razonado y el segundo tiene el fruto de años de visionado complaciente de televisión, radio y periódicos sin el más mínimo atisbo de duda. El primero tiene una posición crítica con lo que hay a su alrdedor pero, por lo general, no concuerda con aquello a lo que la "opinión pública" considera que debe criticar. El segundo no. El segundo es un hijo de la opinión pública (perdón por el insulto). Él opina exactamente lo que los medios quieren que opine y repite los slogans y las consignas vacías de contenido como una cacatúa sin siquiera saber qué significado tiene aquello que está diciendo. Es, básicamente, un cangrejo hervido a fuego muy lento.

El ciudadano cenutrio, o cenutrio a secas, no piensa por si mismo, no es capaz de ver los acontecimientos con sus propios ojos, sino que requiere que alguien le procese la información previamente. Y lo peor; no es consciente de ello. ¿O es que acaso han encontrado a alguien que repitiera alguno de los slogans que los políticos y los medios, más los medios que los políticos, han puesto en boca de las masas con pleno conocimiento del origen y los motivos detrás de aquello que está diciendo? ¿Acaso alguien que hable de "la marca España" sabe qué se supone que significa eso que acaba de decir? El ciudadano crítico, inteligente, que duda, pensará al escuchar esto "la marca España es algo así como la marca Tata en el mercado automovilístico de los países" y si desviará la mirada mientras sigue pensando en la tontería que ha oído. El ciudadano cenutrio no; se le llenará el pecho de orgullo patrio como si "la marca" de un país con una tasa de paro del 25%, con una carencia en I+D brutal, con una carencia democrática creciente, con miles de casos de corrupción vergonzosos fuera algo que merece la pena ser propagado a los cuatro vientos. Si fuera crítico al escuchar ese término escondería la cabeza por verdadera vergüenza y no se cacarearía pavoneándose como si aquello que acaba de decir fuera algo positivo.

Y como la "marca Freedonia", todo. El cenutrio repetirá todo lo que le hayan mandado repetir del mismo modo que se cree tan libre como le han hecho creer que es. Porque el cenutrio, y esto lo que mejor les ha salido, no es consciente de que lo es. No piensa, repite. Y no lo sabe. Es un trabajo de lavado cerebral perfecto.