Criminalizando las ideas
Unos amigos me invitaron a acudir a una manifestación por el barrio de Carabanchel contra las reformas de las pensiones, y como la invitación y la ocasión lo merecían acudí presto al evento. Allí un par de cientos, tal vez tres centenares de personas recorrimos diversas calles del madrileño barrio desde Carabanchel Alto hasta el metro de Oporto. A duras penas 300 vecinos pero con unas medidas policiales que no recuerdo haber visto en otras manifestaciones anteriores. En todo momento estuvimos rodeados completamente por antidisturbios casco y porra en cinto. Cuatro “lecheras” nos abrían el camino y otras dos nos achuchaban por detrás. A cada lado de la manifesstación teníamos un cordón policial. ¿Era necesario tal despliege contra unos pacíficos vecinos. Obviamente contra los vecinos en sí no, pero parece ser que suss ideas y sus reibindicaciones si resultaban peligrosas para los mandos de interior.
El motivo de ese cordón estaba claro. No era evitar que provocáramos destrozos pues la edad media en los asistentes no nos convertía en una turba peligrosa, mucho menos el número. El motivo era dar un mensaje a los que NO estaban en la marcha. Criminalizar el mensaje. Era un clarísimo «esta gente es peligrosa y por eso van rodeados». ¿Es así como la democracia protege a aquellos de los que emana (permítanme que me ría) su poder? No, realmente así es como la democracia se defiende a sí misma, evitando que los ciudadanos alberguen dudas, se hagan preguntas y busquen respuestas. La policía no estaba ahí porque fuéramos peligrosos, sino porque nuestro mensaje era peligroso.
¿Realmente es eso lo que queréis, lo que queremos? ¿Realmente esta democracia es la que nos merecemos? Tal vez nos la merecemos porque es producto de nuestra propia desmovilización.
En cualquier forma, prefiero ser un antisistema con ideas peligrosas que merecen ser rodeadas por la policía para que no contaminen a las masas que ser otro más del montón.